Carcaixent descarta autorizar festejos taurinos por vulnerar la ordenanza local

El ayuntamiento rechaza la petición de un colectivo recién creado que pretendía introducir las vaquillas en las fiestas patronales

El gobierno municipal resalta que tampoco representa la voluntad del pueblo

Un grupo de jóvenes, durante unos festejos taurinos este verano.

Un grupo de jóvenes, durante unos festejos taurinos este verano. / Toni Losas

Rubén Sebastián

Rubén Sebastián

El Ayuntamiento de Carcaixent ha rechazado la petición presentada por un colectivo recién creado para la celebración de actos taurinos durante las fiestas patronales. La decisión, amparada en criterios técnicos y jurídicos, tiene en cuenta la normativa municipal, la cercanía en el calendario de los propios festejos (el próximo mes) y la nula tradición en el municipio. 

La iniciativa, lanzada por una agrupación taurina que en el momento de presentar su solicitud todavía no se había registrado como asociación, abrió el debate en Carcaixent. La conversación recorrió, rápidamente, unos derroteros alejados de la habitual discusión ética sobre el maltrato animal y se centró, precisamente, en abordar la idoneidad de celebrar unos actos que, históricamente, no han entusiasmado a la población, como ya constató Levante-EMV al reproducir los textos escritos al respecto por diversos cronistas oficiales.

Sin embargo, para el ayuntamiento, el argumento principal tiene que ver con su papel como garante de la ley. Ha sido el estudio técnico y jurídico de la propuesta y de las normativas estatales y municipales el que ha llevado a rechazar la propuesta lanzada por los representantes del colectivo, que lo volverá a intentar nuevamente una vez figure en el registro de asociaciones de la Generalitat. De volver a obtener la respuesta negativa, su presidente, Kilian Rubio, ya avanzó su intención de querellarse contra el consistorio. «En esta legislatura, Carcaixent tendrá festejos taurinos o un juicio», afirmó con vehemencia.

Su insistencia desconcierta al equipo de gobierno. «No entendemos que estas cosas pasen en Carcaixent», comentaba a este periódico la alcaldesa, Carolina Almiñana, que añadía acto seguido: «Cada día me cruzo con personas de todas las edades e ideologías que está igual de confusa con esta situación, pues nadie sabe a qué viene tanto empeño».

Interpretación de la ley

Al respecto, incidía en que, como gobernante, se debe «al sentido común, al interés general y a la ley». «El Ayuntamiento de Carcaixent aprobó de forma unánime su normativa de protección animal como también su rechazo a las placas solares en la montaña siguiendo la voluntad de nuestros vecinos, que en este asunto, parece también encaminada a que no le interesan este tipo de actos», aseveró Almiñana. También subrayó que la situación «sería diferente si Carcaixent hubiera sido un pueblo en el que durante años se hubiesen celebrado festejos taurinos y, por motivos ideológicos u otros cualesquiera, se hubiesen suprimido». «En ese caso, y si la población lo exigiese, seríamos los primeros en recuperarlos», agregó.

La interpretación de la ley es la clave del conflicto. El colectivo taurino cree que la ley estatal ampara la programación de festejos de este tipo en cualquier lugar. El ejecutivo municipal argumenta que esta, ciertamente, los protege, aunque no impone su celebración allá donde no existe ese arraigo y, en consecuencia, prevalece su deber de proteger a los animales. 

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