Educación
La dura vuelta al cole tras el bullying: "No quería volver a llevar a mi hijo al matadero"
La mayoría de las víctimas acaban por cambiarse de centro, mientras que el agresor se queda
Las familias critican que el actual protocolo criminaliza a la víctima, mientras Educación trabaja para cambiarlo

Una niña en la puerta de su centro escolar, el día de la vuelta al cole del curso 2024-25 / Miguel Ángel Montesinos
A la edad de 9 años, Mario ya conoce los ataques de ansiedad y se ha autolesionado. Con 12, Laura sufrió un trastorno ansioso depresivo con nivel muy alto de ansiedad. Son dos casos reales -con nombre ficticio- de los estragos que hace el bullying en la infancia.
Ambos niños pasaron por el infierno este mismo curso, y los dos han tenido que cambiarse de centro porque el colegio no tomó medidas contra los acosadores. La víctima se va, los agresores se quedan. "Los niños estaban en tratamiento psiquiátrico y sin poder dormir conforme se acercaba la vuelta. Yo no quiero volver a llevar a mis hijos al matadero", explica el padre de Mario con la impotencia del que sabe que pierde sin haber hecho nada malo.
Ambos niños tienen partes de lesiones y órdenes de sus psiquiatras diciendo que no podían volver a pisar esos centros que los han destrozado física y emocionalmente. Aún así ambos chiquillos , que estudiaron en colegios distintos, fueron castigados y obligados a repetir curso por faltar a clases.
En la mayoría de casos lo que sucede es que el centro deja desamparada a la víctima, que acaba por cambiarse de colegio, mientras los acosadores se quedan, con pocas consecuencias para ellos, reforzando su sensación de impunidad y propiciando que repitan las conductas con otro chaval. "Después de muchísimas reuniones lo que se consigue es que el niño se quede en su casa con un importante daño mental y con suerte inspección educativa le otorga un maestro en casa", explica Fanny Albarración, madre y activista en "El Iceberg del Bullying".
5 días de expulsión y una compañera en el psiquiatra
El caso de Laura no puede se más claro y más injusto a la vez. Un juzgado de menores condenó a dos de sus acosadores, de 15 años, y también al centro al que iba en Alicante. A los niños les cayó una pena de servicios a la comunidad durante un año y también una multa de 9.000 euros a pagar con el centro.
La sentencia dice claramente que durante los meses que tramitó el expediente, las soluciones ofrecidas por el centro fueron "estigmatizadoras para la persona que sufrió las vejaciones". Los hechos ocurrieron entre noviembre de 2022 y julio de 2023. Laura (de 13 años) dejó el colegio definitivamen en diciembre por prescripción psiquiátrica.
La pena para los acosadores de la niña fue de 5 días de expulsión, y ni siquiera fue por eso solo. "Les expulsaron 5 días por el tema del bullying, pero también por trapichear droga y por encerrarse en el baño. Al final echando cuentas lo de mi hija sólo supuso día y medio de expulsión", lamenta la madre de Laura.
"La amenazaban, la acosaron sexualmente y cuando llegaba a casa le mandaban wattsaps diciéndole que se matara por que nadie la quería", cuenta la madre de la niña. La primera solución del centro fue sacar a su hija de él y que siguiera las clases online; "les dije que no porque quería que se actuara contra los acosadores, mi hija no había hecho nada malo para que la echaran", explica.
Perder las amistades
La segunda solución fue integrar a su hija en un aula de educación especial para niños con problemas de aprendizaje, pese a que ella está perfectamente, para tenerla más vigilada. Su madre también se negó. Al final un profesor la custodiaba en todo momento por el patio para evitar encontronazos. "Mi hija perdió a sus amigas por eso, porque le decían que si hablaba con ellas luego ese profesor las iba a interrogar, así que dejaron de acercarse", recuerda su madre.
Al final, el pasado mes de diciembre, Paula dejó el centro y unos meses después lo tuvo que hacer también su hermana pequeña ya que los acosadores la habían emprendido también contra ella. "Da mucha rabia, pero al final no quedaba otra que cambiarnos de centro", explica.
Medidas rápidas
Para Albarracín, el motivo por el cual no se toman medidas rápidas y contundentes contra los casos de bullying es porque "a la administración no le interesa que los índices de violencia escolar salgan a la luz, y al centro tampoco poruqe daría una mala imagen".
De hecho, la activista critica que los protocolos son un mero trámite administrativo y que "el 99 % salen negativos y refuerzan al agresor. El objetivo no es reconocer la violencia y ayudar a la víctima y al agresor. El objetivo es exculpar al maestro y equipo directivo, por eso el protocolo se suele volver un arma en contra de la víctima de bullying".
Repetir curso
Otra situación bastante común en casos de acoso escolar es que la víctima acabe completamente anulada y tenga que repetir curso por suspender la mayoría de las asignaturas. En la muchos casos, los equipos docentes no tienen en cuenta el problema del bullying y optan por hacer repetir al joven.
Fue el caso de Mario, que además tuvo que repetir curso en el mismo centro aunque este ya ha logrado salir. En clase recibió insultos, robos, puñetazos o empujones, y su padre critica la inacción del centro ante esta situación. "Solo me decían que el protocolo antibullying estaba activado, pero no hacían nada de nada para ayudar a mi hijo", lamenta.
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