Análisis

Tras el gran debate: sobra pasado

Tras el gran debate: sobra pasado

Tras el gran debate: sobra pasado

Alfons Garcia

Alfons Garcia

Unas horas antes de que acabara el primer debate de política general de Carlos Mazón, Vox registraba una propuesta (se tendrá que debatir en próximas sesiones) para proteger la Cruz de los Caídos de Alicante en virtud de la ley de Concordia. El gesto es un símbolo doble. Porque es una demostración del tiempo presente y evidencia la presión que el partido de Santiago Abascal va a jugar ante el PP en los presupuestos de 2025 y porque rescata una norma que casi ni se ha mencionado en el pleno estrella del curso, a pesar de que ha estado muy presente en la agenda en este primer año del gobierno que empezó siendo de PP y Vox y que desde julio es solo del primero. Da que pensar sobre la importancia que todos dan a esta ley y sobre el papel de la formación de ultraderecha en el tiempo entrante.

La memoria histórica no ha estado presente en este debate (como tampoco la violencia machista, las políticas lgtbi, los discursos del odio o el cambio climático), pero el pasado ha sido protagonista. En el Gobierno y en la oposición. En el contenido y en las formas.

Una hora de intervención del jefe del Consell dedicada a repasar de modo crítico la herencia del Botànic dice mucho de dónde está aún la mirada, un año después.

Hay una parte de lógica política. El aroma de un Ejecutivo que se pretende liberal (así lo repitió Carlos Mazón en su discurso) no puede ser muy distinto del que emanaron los de Eduardo Zaplana y Francisco Camps. Eso implica una política de apertura de mano y flexibilización de normas en favor de un mayor desarrollo económico, así en lo industrial como en lo urbanístico y la gestión de lo social.

En esos márgenes está la línea de actuación del Consell trazada en este debate: la nueva ley urbanística y la de Costas anunciadas o el Plan Simplifica ya presentado son exponentes.

Mazón, en cambio, orilló cualquier referencia a la corrupción política, la cara B de ese pasado que aún colea (en unas horas comienza el juicio a Serafín Castellano). Una mirada a la bancada popular señala que los que estuvieron no están, pero ante una receta política que bebe de los mismos principios que los gobiernos pasados del PP, ignorar la parte amarga de ese pretérito deja dudas de si se ha asumido realmente el mensaje.

Para recordar ese pasado ha estado la oposición y la conclusión es similar: las dudas de la consistencia de su mensaje de futuro, que es lo que importa. Mazón se cría políticamente en los gobiernos de Zaplana, a su vera, pero situar la política del actual Consell en una mera continuación de aquella es simplista, porque el abordaje de cuestiones como la sanidad y la política social en este año tiene muchos componentes diferentes. A PSPV y Compromís les toca además despegarse de la reivindicación constante del Botànic. Pasó. El momento es otro.

Hay un caso paradigmático en estos días para situar dónde estamos: el Plan Edificant de construcción de colegios del Botànic. Lo que se ha visto es su demonización por parte del PP y su idealización por socialistas y Compromís. Lo que ha faltado son miradas serenas para situar un plan que nace de la abundancia de barracones, la dificultad de abordar la necesidad social solo desde la Administración autonómica y la solución de implicar a los ayuntamientos. Un plan que ha dado frutos, pero no todos los que se marcó, y que también ha tenido problemas de desarrollo. Así, lo que se ha visto estos días son bastonazos o caricias al pasado, pero no miradas reflexivas de cara al futuro.

Después están las formas del debate. Mazón se ha exhibido fuerte políticamente, que entra dentro de la normalidad en un primer año de gobierno si no han existido escándalos de magnitud. Y la oposición ha quedado empequeñecida, que se sitúa también dentro de la lógica cuando se está empezando la renovación tras una derrota electoral (por ahí los tiempos van distintos en PSPV y Compromís). Pero de mostrar fuerza a la arrogancia hay un camino corto y el manejo de tiempos y réplicas del PP también ha rememorado épocas que se fueron.

Entonces jugaba con mayoría aplastante. Hoy no. El debate deja también un Parlamento de bloques nítidos y monolíticos. Deja la necesidad por parte del PP de Vox, la sintonía en los discursos y los mimos formales entre los exsocios de gobierno (al final de la última jornada la oposición les dedicó un ‘que se besen’ ilustrativo). Pero el cortejo acaba sin boda. A la hora de votar, los planteamientos sobre inmigración se han visto alejados y Santiago Abascal ya ha demostrado en la ruptura de gobiernos autonómicos que su partida está ahí. n

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