AGRICULTURA

José Blasco (IVIA): «El futuro citrícola va por las variedades protegidas»

El nuevo director general del IVIA aboga por reducir la burocracia y destinar más recursos para la investigación en un centro que debe dar más servicios al sector productivo

José Blasco Ivars, en la sede del IVIA de Moncada.

José Blasco Ivars, en la sede del IVIA de Moncada. / Daniel Tortajada

José Luis Zaragozá

José Luis Zaragozá

José Blasco Ivars como nuevo director del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA). Doctor en Informática, el nuevo responsable del organismo dependiente de la Conselleria de Agricultura es profesor de investigación y coordinador del Centro de Agroingeniería del IVIA, al que está vinculado desde 1996. Sustituyó recientemente a Rodolfo Canet, designado por el anterior 'Govern del Botànic', que había solicitado su relevo al conseller de Agricultura. Blasco cuenta con una amplia trayectoria profesional en el ámbito de la digitalización, automatización y robotización agraria, así como en el desarrollo de tecnología para la inspección rápida y no destructiva de la producción agroalimentaria, en la que ha recibido varios premios de reconocimiento internacional por su labor investigadora. Es el coordinador de un grupo de trabajo internacional sobre Análisis de Imágenes y Espectroscopía para Productos y Procesos Agrícolas y está especializado en tecnologías asociadas a la agricultura de precisión.

Usted no es nuevo en la casa, donde lleva vinculado desde hace casi treinta años. ¿Cuáles son sus prioridades y por qué ha aceptado el cargo?

Tenemos la cabeza puesta en el mundo y los pies, en nuestra tierra. Mis investigaciones siempre han estado orientadas al desarrollo de tecnología adaptada a nuestras condiciones de cultivo y a productos de especial relevancia para nuestras comarcas como los cítricos, el níspero, el caqui o el granado, y otros emergentes en nuestra tierra como el aguacate. Nunca me había planteado la dirección del instituto, pero, tras el cese voluntario del anterior algunos compañeros me animaron a dar el paso. En cuanto a las prioridades, una de las más importantes es llevar a buen puerto el programa de contratados predoctorales ‘Marisa Badenes’, mediante el que el IVIA podrá contratar 30 investigadores jóvenes para que desarrollen su tesis doctoral en el IVIA. Quiero agilizar todos los procesos burocráticos que intervienen en nuestro día a día. Y es necesario reforzar la plantilla del IVIA con personal estructural de administración e investigación y simplificar los procesos y pasos burocráticos los que estamos sometidos.

El IVIA se financia, fundamentalmente, con recursos de la Generalitat. ¿Debería tener algún tipo de prioridad los agricultores valencianos a la hora de beneficiarse de sus patentes, obtenciones o investigaciones?

Los agricultores valencianos son los principales beneficiarios de nuestra investigación y tenemos numerosos ejemplos que van desde el programa de saneamiento de cítricos, al éxito del cultivo del caqui, las nuevas variedades de arroz, las recomendaciones particularizadas de riegos o las tablas de referencia de fertilización de diversos cultivos como cítricos, caqui o níspero, por citar unos pocos. Cabe recordar la lucha contra plagas existentes, emergentes o amenazantes en las que trabajamos junto al sector. Además, tenemos numerosos contratos de investigación con empresas de la Comunitat Valenciana con las que se comparte la propiedad de obtenciones. Los agricultores valencianos son receptores directos de nuestras investigaciones porque son los que nos trasladan los problemas en los que hemos de centrarnos. En mi opinión, esto debe ser así sin ninguna duda.

¿Cuáles son las principales líneas de investigación del IVIA relacionadas con la sanidad vegetal?

La gestión integrada y control biológico de plagas, prevención y control de plagas exóticas y emergentes, detección, diagnóstico epidemiología y gestión e enfermedades bacterianas, prevención y gestión de enfermedades fúngicas, detección y control de virus y saneamiento, cuarentena y certificación de material vegetal. Trabajamos en prevención antes de que la plaga llegue, en la erradicación cuando el foco es pequeño, en la contención cuando se extiende e intentar controlarla si se establece. En este sentido, tenemos una colaboración muy estrecha con sanidad vegetal, nuestros investigadores están en la EFSA y tratamos siempre de dar respuestas rápidas y formación ante cualquier alerta. 

En 2018, siendo consellera de Agricultura Elena Cebrián y coincidiendo con el 150 aniversario del centro, se impulsó una nueva ley del IVIA que supuso una reorientación de sus actividades que incluso se propuso rebautizar al centro como de investigaciones agroalimentarias. ¿Cómo ha acabado todo ello? ¿Debería el IVIA ser un centro agroalimentario o estrictamente agrario?

Este debate no existe en el IVIA, nosotros trabajamos para el sector en muchas áreas desde el campo a la mesa y un cambio de nombre no cambiaría nuestra orientación. Un cambio de ley se debería enfocar hacia simplificar y agilizar los procesos que intervienen en la investigación. El investigador necesita comprar material para llevar a cabo sus ensayos y experimentos, necesita contratar personal especializado y necesita realizar ensayos de campo o asistir a reuniones científicas. En este momento, cada paso es lento y complicado lo que ralentiza nuestro trabajo y nos hace perder eficacia y eficiencia. Necesitamos una ley que nos devuelva la autonomía que hemos tenido en otros tiempos. Los diferentes gobiernos han impulsado una nueva ley del IVIA que no ha llegado a cuajar. Si en algún momento se apuesta de verdad por una nueva ley, pediría es que el IVIA tuviera una participación activa en su redacción.

Líneas de trabajo

La investigación agraria ¿se está orientando a producir más y mejor?

El IVIA trabaja en muchas áreas de la agricultura que van del campo a la mesa. Nosotros gozamos de unas características que nos diferencias de otros centros. Una de ellas es la gran diversidad de áreas de investigación y la otra es que lo hacemos en ciencia básica tanto como aplicada. En general, hay interés en producir más y mejor, pero no basta. Es importante también obtener productos de mayor calidad y con mejores propiedades que nuestros competidores y con costes menores. Y, además, hacerlo con menos insumos como fitosanitarios, fertilizantes o agua lo que se logrará aumentando la eficiencia reduciendo las perdidas fuera del sistema. Trabajamos para que la agricultura valenciana sea más competitiva, de mayor calidad y más sostenible económica y medioambientalmente y con agricultores mejor formados. 

La proliferación de plagas en cultivos leñosos como los frutos secos, cítricos, caquis o viñedos, se acentúa. ¿Cuáles son las plagas que más preocupan al director del IVIA?

Con relación a las plagas, en el IVIA estamos trabajando en muchos frentes a la vez. Para nosotros es esencial la prevención, evitar que plagas emergentes y potencialmente devastadoras para nuestros cultivos entren en nuestro territorio. Por ello, uno de nuestros mayores esfuerzos lo estamos poniendo en la vigilancia y control de los vectores del HLB, ya que los dos principales vectores están en la cuenca mediterránea. Hemos trabajado para controlar Trioza erytreae con éxito en los últimos años y desde el año pasado para el control de Diaphorina citri en colaboración con el gobierno chipriota. También estamos poniendo un gran esfuerzo desde el momento que se detectó en Italia en Xylella fastidiosa. No nos olvidamos de plagas cuyo control es muy importantes para nuestro sector como los trips y los cotonets. En los últimos años nos han llegado nuevas especies de estas plagas que afectan a cultivos importantes para nosotros como los cítricos y caqui y ya hemos desarrollado programas para algunos de ellos. Además, tener un contacto estrecho con el sector permite que nos trasladen su interés en plagas que están aumentando como la mosca blanca o la araña roja. En todas estas plagas trabajamos en investigación, pero también en prevención, difusión y formación de la mano del sector.

El IVIA, después de los recortes presupuestarios de los últimos años y de falta de relevo generacional. ¿Sigue siendo un centro de referencia en el ámbito mundial?

El IVIA nunca ha dejado de ser un centro de referencia mundial en el ámbito de la investigación agrícola. Se cita en ocasiones a otros centros de Europa como la Universidad de Wageningen de Holanda, o el Volcani Center de Israel, como centros de referencia. En el IVIA colaboramos con ellos y les superamos en muchos aspectos. Trabajamos codo con codo con las principales instituciones del mundo. En los últimos años se han incorporado nuevos investigadores al IVIA y estamos cerca de conseguir un programa estrella de contratos predoctorales. Las expectativas en ese aspecto son buenas. Nuestros problemas han venido por el exceso burocrático. Un centro de investigación debe ser muy ágil. Realizamos proyectos a corto plazo que requieren la puesta en el mercado o en el sector de soluciones rápidas. Si surge una enfermedad como el HLB no podemos perder meses contratando especialistas que nos ayuden a combatirlo o no podemos decirle a un agricultor que no avanzamos en la lucha porque no resulta muy difícil comprar los reactivos para hacer los ensayos. Necesitamos autonomía para poder trabajar de forma eficaz. La investigación es un trabajo vocacional. Nos apasiona investigar y contamos con investigadores excelentes y personal muy implicado que no han dudado en trabajar por encima de sus posibilidades. Eso ha sido en muchas ocasiones lo que ha mantenido al IVIA en la posición de prestigio que ocupa en el mundo. Ahora tenemos un equipo directivo nuevo y se nos ha prometido todo el apoyo que necesitemos. Confió en que las cosas cambien para que podamos desarrollar nuestra labor de manera más eficaz, siendo una referencia mundial en investigación agrícola y, a la vez, siendo una referencia para nuestros agricultores.

Futuro del sector

El sector citrícola reclama nuevas variedades, más productivas, más rentables, más resistentes al cambio climático... en definitiva, más competitivas en un mercado. ¿Qué hace el IVIA?

Estamos en contacto con el sector que siempre nos traslada sus necesidades y tratamos de atenderlas e incorporarlas a nuestros programas. Que el material vegetal tenga calidad y la rentabilidad siempre es una prioridad. Nuestro programa de patrones presenta casos de éxito como el FA5, que presenta una alta productividad a la vez que presenta resistencia frente a muchos de los problemas que afectan a la citricultura. Tenemos además un programa de mejora genética destinado a la obtención de nuevas variedades de mandarino sin semillas, que sean más productivas, de excelente calidad y que sean más resistentes a las condiciones ambientales actuales. Por ejemplo, resistentes a alternaria que necesiten menos tratamientos y por lo tanto más sostenibles. Recientemente se ha demostrado que los triploides presentan un buen comportamiento frente a condiciones climáticas adversas y que se pueden adaptar bien a las actuales condiciones cambiantes. La productividad es uno de los factores claves que se busca. 

Desde hace muchos años que en el debe del centro se encuentra el no haber sido capaz de obtener y lanzar al mercado ninguna variedad citrícola de éxito y las consolidadas son las de autor -promovidas en Marruecos, en California o en Israel-. pero las obtenciones en materia de mandarinas o clementinas tardías han sido muchas, al menos en cantidad. ¿Es un problema de promoción, de márquetin o de credibilidad tras los problemas arrastrados con Garbí y Safor?

Es cierto que tenemos ese debe y que en ello ha influido los problemas que hubo con Garbí y Safor. No pienso que sea un problema de credibilidad, ya que el IVIA se encuentra entre los mejores centros a nivel mundial en todos los aspectos relacionados con agricultura. Al IVIA le llaman de todo el mundo para preguntar. El marketing y la promoción de nuevas variedades es algo que trasciende al IVIA, nuestro trabajo es obtener variedades de calidad y si son buenas la promoción vendrá sola. En mi opinión, se han sacado algunas variedades que se están funcionando bien, como la Neufina o la Murina. No obstante, es cierto que, debido a problemas del pasado, somos prudentes a la hora de entregar nuevas variedades. Por ello, uno de mis objetivos es actualizar los sistemas de gestión de las nuevas variedades.

José Blasco Ivars, en la sede del IVIA.

José Blasco Ivars, en la sede del IVIA. / Daniel Tortajada

Los estudios de costes de producción del IVIA, ¿podrían servir de referencia a la cadena alimentaria?

No se si podrán servir de referencia a la cadena alimentaria, pero si para determinar, por ejemplo, los costes en los que un agricultor puede incurrir o los precios mínimos para asegurar la rentabilidad para una explotación. Además, le ayudarían a tomar decisiones informadas sobre los procesos de producción. Modelizar los procesos de forma que podamos conocer todos los aspectos que influyen en los costes, sin duda, será esencial para establecer después esas referencias. Una línea de economía agraria es fundamental para el sector y para la Consellería y por eso vamos a intentar potenciarla en el IVIA. Además, también servirá para que nos facilite a los investigadores poner en valor los resultados de nuestras propias investigaciones.

Las variedades protegidas de naranjas o mandarinas, ¿son el futuro para el sector dadas sus mejores cotizaciones?

El futuro va por las variedades protegidas como está ocurriendo en la mayoría de las nuevas variedades, pues son las que están consiguiendo los mejores precios ya que llevan un sistema de control y trazabilidad que las hace ser más competitivas. Hay algunos casos de éxito, pero también hay muchas variedades protegidas que no han alcanzado el éxito de la Nadorcot o la Orri. No obstante, la protección tampoco garantiza el éxito, ya que algunas variedades protegidas no han tenido ese éxito. Lo importante es hacer una buena gestión de las nuevas variedades que se obtienen y que cubran un hueco en el mercado que satisfaga necesidades del sector o mejoren lo existente. Creo que la lo que realmente garantiza el éxito de la variedad y que obtenga una buena cotización, es que tenga calidad. 

EL IVIA lleva desde 2021 trabajando con péptidos con efecto bactericida que además potencian el sistema inmune de las plantas, en una suerte también de vacuna contra el HLB. Se busca entre el material, variedades y patrones del IVIA, probablemente de lo más completo del mundo. ¿Se tiene alguna esperanza en encontrar una cura para el HLB?

No sabemos si encontraremos una cura para el HLB, ojalá lo consigamos, lo que sí sabemos es que podremos convivir con la enfermedad gracias al material tolerante en el que estamos trabajando. Es cierto que tenemos probablemente el material más completo del mundo y eso no sitúa en una posición privilegiada para abordar este problema. Al no estar presente la enfermedad, no podemos trabajar con tanta eficacia en todos los frentes en los que estamos trabajando, pero estamos trabajando en híbridos de Microcitrus con algunos de nuestros materiales más prometedores para obtener plantas tolerantes. Pensamos que pueden existir varias estrategias para combatir la enfermedad y estamos tratando de cubrirlas todas. El mundo ha puesto los ojos en el IVIA por la amplia colección de material vegetal prometedor que tenemos para contener la enfermedad, no obstante, no escatimamos esfuerzos en lo que para nosotros es igual de importante que es la prevención para que la enfermedad no llegue a nuestros cultivos. Además, el IVIA no está solo. Estamos involucrados en los más grandes proyectos internacionales multidisciplinares sobre HLB, con los ojos puestos en la protección de nuestra citricultura. En ellos, tenemos líneas de investigación que abarcan muchos otros aspectos como la vigilancia y defensa ante los vectores más peligrosos, la estimulación de las defensas de las plantas, la creación de modelos de prevención, la detección temprana, kits de detección, nutrición….

¿Cree que el sector tiene motivos justificados para quejarse como lo hace?

El sector agrícola ha sufrido agravios comparativos frente a competidores de terceros países y no siempre se le ha defendido correctamente desde la Unión Europea. Es injusto que se nos exijan condiciones que no se exigen a países cuyos productos importamos en competencia con nuestros agricultores. Desde el IVIA apoyamos a nuestros agricultores en la medida que se nos pide para defender nuestros intereses frente a nuestros competidores, como ha sido el caso de las importaciones de Sudafrica. Se le prohíbe al sector utilizar productos que, sin embargo, utilizan nuestros competidores de los que luego importamos, creando agravios comparativos. Existen motivos de queja para un sector que es estratégico, pues ocupa la mayor parte del territorio y da de comer a la población. En un escenario como el actual, con un clima cambiante y unos mercados globalizados, la agricultura es una profesión de riesgo no siempre bien pagada. Sin embargo, no siempre se le valora adecuadamente cuando se diseñan las políticas. 

¿Qué piensa de la competencia de terceros países, de Egipto, de Sudáfrica o Marruecos?

Estamos en un mundo global y entiendo la competencia, pero debe ser justa. Y pienso que, en este momento, es tremendamente injusta y desleal. Todos hemos de jugar con las mismas reglas. No es comprensible que nuestros agricultores tengan unas reglas restrictivas para producir que no tienen en esos países. Tampoco es justo que, en algunos, casos, tengamos problemas para exportar a esos países mientras que ellos tienen vía libre para traer sus productos a Europa. La competencia puede ser sana siempre que se juegue con las mismas reglas. Además, nuestros productos, en igualdad de condiciones, son muy superiores en calidad a los de estos países.

¿Qué piensa de la agricultura ecológica?

Es algo que me interesa. En la actualidad no es una agricultura mayoritaria, pero ¡si una alternativa que conviene cuidar porque tiene su importancia económica y social en nuestra Comunitat. De todas formas, en la convencional se tiende a realizar un manejo del suelo en el que el incremento de materia orgánica juega un papel fundamental, y se prima la lucha biológica. Desde la Unión Europea se nos insta a producir de formas que cumplan los objetivos de las estrategias europeas como la del campo a la mesa, dentro del pacto verde. Esto, refuerza todavía más mi pensamiento de que es una parte de nuestra agricultura que conviene tener muy presente.

Como especialista de la agricultura de precisión. ¿Qué aplicaciones reales puede aplicar un modelo como el valenciano donde dominan los minifundios?

La Comunitat Valenciana tiene un problema de parcelación excesiva. Casi la mitad de las explotaciones tiene un tamaño inferior a 1 ha y eso dificulta enormemente la introducción de tecnología. La agricultura de precisión es una estrategia que trata de detectar la variabilidad dentro de una parcela para actuar donde hace falta, en la cantidad exacta y el momento adecuado. Esto tiene más sentido en grandes explotaciones donde esa variabilidad puede ser mayor. Además, aunque detectar esas necesidades diferentes de las plantas dentro de la parcela puede ser posible, actuar de manera diferenciada es más difícil cuanto menor es la parcela. Sin duda, es más sencillo aplicar estas estrategias en grandes extensiones de cereales que en pequeñas explotaciones de leñosos. Por eso, es esencial investigar y desarrollar tecnología digital (aplicaciones informáticas, modelos predictivos, inteligencia artificial…), y electromecánica (máquinas inteligentes, robots agrícolas), especialmente creados para nuestras condiciones de cultivo. La tecnología o los modelos importados de otras regiones con diferentes sistemas de producción, aunque tratemos de adaptarlos, no siempre van a dar los resultados esperados. La adopción de nuevas tecnologías que permitan implementar estrategias de agricultura de precisión va a ser imparable por el avance en los sensores y sistemas digitales, de comunicaciones, de obtención de datos agrícolas y de actuación precisa. Lo que veo necesario es crear la tecnología aquí considerando el conocimiento local.