Opinión | Tres en línea

El partido de Franco

Ángel Franco no es del PSOE. El PSOE es de Ángel Franco y lleva secuestrado tres décadas.

Ángel Franco.

Ángel Franco. / ED

Llevo años oyendo que Ángel Franco es del PSOE. Error. El PSOE es de Ángel Franco. No es un juego de palabras. Es la traducción escrita de un secuestro que dura ya casi tres décadas en las que los socialistas no han superado al PP ni una sola vez en las siete elecciones municipales celebradas desde que Joan Lerma perdió en 1995 la Generalitat y Ángel Luna el Ayuntamiento de Alicante.

Con Franco al timón, la mayoría de las veces sin cargo oficial alguno pero siempre a los mandos, el PSOE no ha repetido ni una sola vez candidato a la Alcaldía en estos treinta años que están a punto de consumirse. Cuando quien ha encabezado la lista ha sido alguien puesto por él, Franco se ha encargado de todas maneras de minarlo día tras día para que no olvidara a quién debía el puesto. Así que los ha quemado antes de que mediara el mandato, incapaces, aunque quisieran, de cumplir con todas sus exigencias. Pero las veces que se ha visto obligado a ceder y dejar que el candidato fuera alguien que no le debía en origen obediencia el desgaste a fuego lento ha dejado paso siempre al ataque con lanzallamas, del que nadie ha salido vivo. De hecho, ninguno de esos candidatos sigue en política. Ni los que puso él ni los que le impusieron. Pintor Gisbert no es la sede del PSOE en Alicante: es el único crematorio admitido en el casco urbano.

El PSPV de Morant ha empezado a dar muestras de fragilidad y la primera mascletà se ha disparado en Alicante

Y si de elecciones autonómicas hablamos, también la agrupación de Alicante (la primera de una provincia que representa el 37% del censo electoral, la segunda de la Comunitat después de València), con Franco a la cabeza, ha estado siempre en primera línea de combate… contra los suyos propios. La relación de candidatos que han sufrido todo tipo de desaires públicos es interminable. Ninguno ha podido hacer campaña sin pasar por las horcas caudinas de Franco. Sólo una vez no fue así. En 2019, Puig sí ganó en Alicante. Precisamente porque apartó a Franco y montó su propio equipo y estrategia de espaldas a él. Pero fue flor de un día. Al cabo, Puig está en París y Franco en todas las fotos.

Los lectores se preguntarán cómo es posible, si el balance es ese, una concatenación de estrepitosos fracasos, que Ángel Franco siga controlando con mano férrea el partido, sin que nadie sea capaz de desplazarlo, ni siquiera los sucesivos secretarios generales del PSPV. La respuesta conjuga muchos elementos aunque es más sencilla de lo que parece. Franco es un tipo inteligente, hipertrabajador y, sobre todo, alguien que conoce los mecanismos internos del PSOE mejor que ninguno de los que quedan en él. Entiende las perversiones del sistema y cómo ponerlas a su servicio. Los patricios romanos inventaron el clientelismo. Franco ha elevado a categoría de arte su práctica.

Así que mientras el partido mengua (antes hacían los congresos en el Colegio de Ferroviarios, con capacidad para casi mil personas; luego, en el aulario de la UA, con 389 sillas; y ahora en la sede de UGT, donde caben 90), Franco ha contado siempre con un núcleo estable y fiel (en muchos casos, de afiliación dudosa) y ha mantenido a su ‘familia’ unida a base de no dejar nunca atrás a nadie, aunque para ello haya tenido que negociar favores con las administraciones gobernadas por el PP. Los que se dan de baja o no van a votar siempre son los otros; los suyos son un ejército disciplinado en el que no cabe el absentismo.

Partiendo de esa base y conociendo las debilidades de todos los demás, Franco ha sabido aprovecharse de ellas: no hay nadie en el PSOE, ni tirio ni troyano, que no haya acabado pactando alguna vez con él, que mantiene los votos que controla en permanente estado de oferta y promoción. Porque si hay alguien que sabe que la política hace extraños compañeros de cama es Franco. Y la suya ha sido una cama grande, en la que han cabido desde los más altos cargos del PSPV a los más conspicuos líderes del PP. Siempre hubo sábanas limpias para los primeros y un suave edredón para estos últimos. Por eso encontrarán en la hemeroteca pocas declaraciones de Franco contra dirigentes populares concretos. Pero sí verán muchos votos del PSOE alicantino a favor de polémicos (por no decir oscuros) proyectos del PP.

Con tal mezcolanza, no es extraño que Franco tuviera que pedir hace algunos años la baja temporal como militante socialista después de que su nombre y su voz aparecieran en las grabaciones del ‘caso Rabasa, el plan impulsado por el constructor Enrique Ortiz que los socialistas votaron a favor con el PP en el Ayuntamiento de Alicante por orden suya y luego fue tumbado por los tribunales. Pero para que los neófitos se hagan idea de la complicidad con la que las estructuras de poder socialistas han actuado con él, hay que decir que incluso mientras estuvo de baja no hubo un solo día en que no acudiera a la sede ni un solo acto en el que no ocupara lugar preferente. ¿Exageración? Busquen la foto de los Moros y Cristianos de Alcoy de 2016. Y verán posando en alegre camaradería en la tribuna ‘vip’ al alcalde de la ciudad, el socialista Toni Francés, al entonces president de la Generalitat, Ximo Puig, y al ‘no militante’ Ángel Franco. Así que aquella baja fue solo un vergonzoso paripé cara a la galería, del que volvió más convencido que nunca de su impunidad. A Franco, políticos y periodistas lo hemos matado mil veces, pero hay que reconocer que el muerto siempre ha gozado de buena salud. Con la inestimable ayuda, todo hay que decirlo, de eso que en el PSPV llaman ‘el clan de Gandia’ y su sucursal en Dénia.

Viene todo esto a cuento porque esta semana la paz de los cementerios en la que se había acomodado el PSPV desde que forzaron la retirada de Puig y decidieron en un despacho sustituirlo por la ministra Diana Morant ha empezado a dar muestras de fragilidad, con conatos de incendios en Castellón y València. Pero donde se ha disparado la primera mascletá ha sido en Alicante, con Franco ejerciendo de ‘senyor pirotècnic’. En su desconocimiento del suelo que pisa, Diana Morant no tuvo mejor ocurrencia que incorporar a Ángel Franco a su ejecutiva, con lo que treinta años después el Señor de la Guerra salía de las montañas para tomar Kabul. Ese día, el proyecto de Morant perdió toda credibilidad en Alicante, pero a quién le importa lo que ocurra en el desierto. No sólo con las manos libres, que siempre las ha tenido, sino con la rehabilitación oficial de haber vuelto a la dirección nacional, Franco se dispuso entonces a dar el golpe de gracia a la exconsellera Ana Barceló, última candidata a la Alcaldía, maniobrando para expropiarle los recursos con que cuenta el grupo municipal que encabeza. Secándola, en definitiva.

Así que la ejecutiva que controla Franco, que empezó por no convocar a sus reuniones a Barceló y la boicotea en las redes sociales del partido, pasó directamente al insulto por boca de su secretario general, Miguel Millana, que acusó a la portavoz municipal de tener muchas ‘ínfulas’ y demostrar su ‘baja estofa’. Literal. Barceló respondió con un comunicado pidiendo la dimisión de quien le había injuriado y, como no cabía esperar menos, la reacción del secretario de Organización del PSPV, Vicent Mascarell, fue fulminante y ejemplar: respaldó la maniobra de Franco y apercibió públicamente a la representante del PSOE en la segunda ciudad de la Comunitat Valenciana, expresidenta del PSPV, exconsellera de Sanidad y exsíndica del grupo socialista en las Corts, llamándola al orden. Nótese que Franco no es nadie oficialmente en la dirección local. Y que Barceló, guste o no, ha sido puesta donde está por el voto de los ciudadanos. No sé si Mascarell entiende sutilezas como esa, de primero de política. Lo que sé es que apenas lleva tres meses en el cargo de bombero y ya ejerce de pirómano.

Se ha escrito mil veces que Franco se ha especializado en ganar congresos y perder elecciones. Los suyos van diciendo que si Diana Morant ha sido secretaria general se lo debe, no sólo al dedo de Pedro Sánchez, sino también a los buenos oficios de Franco, que rompió su pacto inicial con Alejandro Soler para ofrecerle sus votos a ella e imposibilitar que hubiera candidaturas alternativas con números suficientes para prosperar. Puede que sea así, pero entonces Morant se lo debería hacer mirar. Porque si Franco va ganando congresos para ella significa, siguiendo lo que nos enseña la historia, que las próximas elecciones están perdidas. Salvo la velocidad de la luz, no hay en las leyes de la Física otra constante más segura que esa.