Robar al tiempo. Convertir en inmortales imágenes que ya no podemos admirar. Poder visualizar monumentos y edificio derribados por la mano del hombre. Son parte de las cualidades de una fotografía. Pero todo esto no sería posible sin el afán de coleccionar imágenes de algunas personas.
Este es el fundamento de que podamos admirar hoy día edificios que desaparecieron hace más de un siglo. Personas como Juan José Díaz Prosper y su mujer Margarita, que han ido recogiendo esas fotografías de otro tiempo, primero en el rastro y luego buscándolas, y que han constituido una colección de fotografías del siglo XIX que muestran cien años después cómo era la Valencia desaparecido de hace un siglo.
De la Valencia amurallada han llegado pocas fotografías, a pesar de que cuando se derribaron las murallas envolvían la ciudad. La fotografía tenía ya 25 años en Valencia desde que en 1840 Juan José Vilar, por una parte, y José Monserrat y José Gil, por otra, presentaron a la Sociedad Económica de Amigos del País los primeros daguerrotipos realizados en Valencia.
La fotografía de la muralla de Valencia, realizada por el sacerdote, poeta, novelista, fundador y primer director del Diario Mercantil de Valencia y primer fotógrafo profesional valenciano Pascual Pérez Rodríguez, fue recuperada por Juan Jose Díaz Prosper, que la adquirió, junto a otras obras de este autor, en una subasta de fotografías en Barcelona.
Es la segunda copia que sabemos que existe de la misma imagen. La primera pertenece a los fondos fotográficos de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, que están depositados en el IVAM, junto a otras imágenes de este autor.
Junto a la fotografía de la muralla de Valencia podemos ver cómo eran dos de las puertas de esta muralla. La puerta del Real, de la que conocemos dos fotografías, y la de San José, de la cual también conocemos dos imágenes. Diversas fotografías nos muestran detalles de la muralla, una del puente del Real, realizada desde la misma muralla, otra de la plaza de toros con un lienzo de la muralla y otra fotografía tomada desde la muralla, en la que también se ve el río Turia.
Gracias a la fotografía, podemos, en el siglo XXI y pasado el milenio, recrearnos en la Valencia del siglo XIX. Evocar la vida de la ciudad, cómo eran sus edificios, como vivían sus habitantes, cuáles eran sus costumbres, cómo vestía su gente, cuáles eran sus tradiciones y su forma de trabajo. Se convierte la fotografía en un testigo imprescindible de la vida de la ciudad y sus habitantes. Pero no solamente es poder recrearnos en sus imágenes, sino que constituye un material esencial para los investigadores.
La mayor parte de estas colecciones fotográficas pertenecen a particulares, en vez de estar todas ellas en un organismo público a disposición de los investigadores. Tener una mayor difusión es otra de las asignaturas pendientes sobre estos fondos. Estas colecciones se guardan y se mantienen gracias al cariño y a la dedicación de las personas que, con desembolsos generosos, han comprado, clasificado y preservado para las generaciones venideras estos documentos visuales.